La Sagrada Familia. Barcelona. Antoni Gaudí. Modernismo. 1883


El templo expiatorio de La Sagrada Familia en Barcelona es una de las construcciones más particulares que realizó el excepcional arquitecto catalán Antoni Gaudí. Enclavado en el Ensanche de Ildefonso Cerdá, en pleno corazón de Barcelona, esta iglesia -inacabada tras la muerte del maestro en 1926- recoge muchas de las ideas constructivas y sentimientos personales del mismo. A ella consagró sus diez últimos años de vida abandonando cualquier otro proyecto.

Iniciada en 1882 por Francisco de Parla del Villar se proyecto una iglesia en estilo neogótico y una cripta al modo neorománico. Impulsada por donativos personales de católicos catalanes, su inspirador Josep María Bocabella decidió, al observar la pobreza del proyecto original, retirar a su arquitecto y encomendarle las obras en 1891 al ya prestigioso Gaudí. Ese mismo año inició la construcción de la cabecera de la iglesia y la fachada del Nacimiento.

El proyecto de Gaudí tiene tres vertientes que conviene señalar antes del análisis formal: una, tecnico-constructiva, donde el arquitecto plasma toda una revolucionaria concepción del espacio, de los apoyos, soportes y elementos sustentados. Su modernismo organicista, sus recreaciones de la naturaleza, su desbordante imaginación que aparecerán en la Casa Batlló o en el Parque Güell aquí se completementan con arriesgadas propuestas técnicas y formales. Dos, una vertiente artística, desarrollando nuevas formas de expresar conceptos tradicionales en la escultura y la imaginería a través de los materiales que caracterizarán toda su obra. Y, tres, una vertiente simbolista. Gaudí creía en el proyecto como arquitecto pero como ferviente católico. Pretendió ofrecer, como algunos autores han llamado, un "poema místico" que recogiera los fundamentos de la Iglesia y la doctrina cristiana.

El templo tiene planta de cuz latina de cinco naves con girola. El transepto no se aprecia en la planta. Las separaciones entre las naves central y laterales se realizan a través de arcos formeros parabólicos, nunca antes utilizados. Un alzado nos mostraría una fuerte elevación de la iglesia en altura, inspirada en el neogoticismo que impregna toda la obra, gracias a la utilización de materiales modernos ligeros, sin necesidad de utilizar las formas constructivas propias del estilo gótico. El crucero se remarca con el desarrollo de una bóveda y un cimborrio gigantesco al exterior que representaría la figura de Dios por encima del mundo terrenal. En su esfuerzo simbólico sobre el abside principal iría otro cimborrio menor que representaría a la Virgen María y su destacada importancia en la visión cristiana. Las portadas laterales del transepto y la principal a los pies estarían flanqueadas por cuatro torres pareadas, que representarían a los doce apóstoles. El cimborrio principal estaría flanqueado por cuatro torres menores que representarían a los cuatro evangelistas.De todo ello hoy podemos observar la cabecera, las torres y fachadas del transepto y parte de las naves.

Los materiales utilizados por Gaudí son muy diversos; en la Iglesia, sus paramentos y elementos básicos están realizados en hormigón y ladrillo mientras que todo el entramado decorativo superpuesto a las formas constructivas está realizado en un sinfin de materiales algunos ya tradicionales en su obra como el azulejo y otros muy novedosos como la porcelana, el cristal o la terracota.

Aunque el abigarramiento que demuestra el diseño del edificio parecería que se da primacía en su obra a la masa sobre el espacio la realidad nos demuestra lo alejado que está el edificio de esta percepción. El espacio interior es etéreo gracias al sistema de pilares, capiteles y bóvedas utilizado y los muros sin carga salvo en puntos clave son sustituidos por ventanas de cristal coloreado dando una importancia fundamental a la luz en el conjunto.

La diversidad de formas que ofrece en el edificio no debe hacernos olvidar el carácter tradicional que ofrece la construcción como sistema global. Una fuerte axiliadad longitudinal, una simetría perfecta en su interior y en las grandes formas exteriores nos recuerda que Gaudí es heredero de la tradición constructiva clásica y que su modernismo aún no ha roto con el espacio arquitectónico tradicional como harán las vanguardías de principios del siglo XX. Denota aún un fuerte historicismo en las formas arquitectónicas.

En cuanto al análisis de las formas exteriores destacan por encima de todo las fachadas. La principal, nunca construída y perdidos los planos; la sur, realizada en los años cincuenta por otros autores lejanos ya al espíritu de Gaudí nos dejan tan sólo con un ejemplo de las intenciones del arquitecto en la fachada norte o Fachada del Nacimiento. Todos los autores concurren en que la fachada representa la ascensión del mundo terrenal al espiritual o divino a través del programa escultórico de las puertas y las torres. La estructura de las fachadas es gótica pero las soluciones e ideas aportadas son propias y únicas de Gaudí. Es como una enorme cascada de elementos que ascienden hacia las torres. No podemos hablar de registros o divisiones internas pues quitando las figuras, muy realistas, de la Natividad el resto es un manto naturalista donde abundan animales y plantas y temas nuevos en la iconografía: rocas enteras, árboles de cerámica verde con palomas de porcelana blanca, nubes de piedra y cristal traslúcido, carambanos de hielo,... Según nos elevamos van surgiendo las torres que rematan en puntas donde se aprecian ciertas formas que recuerdan al cubismo y a la abstracción.

Los elementos sustentantes y sostenidos son una de las aportaciones más destacadas del conjunto a la actividad arquitectónica. Los vólumenes y formas de los apoyos son muy destacables. Los pilares tienen forma de huso y los capiteles se desdibujan en brazos que se prolongan hacia la bóveda. En muchos casos casi adopta el concepto de elementos autoportantes al aparecer pilares, capiteles y bóvedas como todo uno. Los arcos utilizados en el interior son elípticos y las bóvedas elipsoides cóncavos rebajados realizados en hormigón. La ligereza de los materiales y la transmisión fácil de los empujes verticales y laterales hacia el bosque de pilares implica que tan sólo Gaudí necesitó reforzar los muros allí donde se tuviera que soportar el peso de los cimborrios. Las torres huecas por dentro, aligeradas en materiales, con entrantes y salientes que juegan con la luz y soportadan una sobre la otra por un contrafuerte a modo de paso son ejemplos del genio de arquitecto.

La decoración es intrínseca a la obra. Ya hemos hablado de ella pero dota al conjunto de una gracia especial. Su organicismo y naturalismo no es tan revolucionario como en las formas del parque Güell o en las balconadas de Batlló o en las chimeneas de la Pedrera pero marcan al propio edificio hasta el punto que las aportaciones más modernas hechas deslucen en parte el conjunto y lo simplifican.

No olvidempos referirnos brevemente a la simbología presente en toda la obra. Ya hemos hablados de la significación de algunos elementos pero el conjunto debe de representar iconográficamente los principios del cristianismo y de su fe. La visión que desde muchos ámbitos de la ciudad y del entorno se tiene del conjunto arquitectónico se asemeja a un faro divino, a una luz que alumbra la fe de los barceloneses en el futuro y en la providencia divina.

La Sagrada Familia se introduce en el mundo modernista que Gaudí, Domenech i Montaner y Puig i Calafach crearon en la Barcelona de finales del siglo XIX. La ciudad pasa así a la historia de la arquitectura y la burguesía catalana encuentra en este arte y sus excelentes arquitectos una manera de engrandecer tanto la catalaneidad como su visión del mundo basada en la prosperidad y en los negocios. A pesar de las fuertes influencias del historicismo de Viollet le Duc, del movimiento Art and Crafts y del modernismo belga, la arquitectura modernista de Gaudí responde a unas formas y parámetros propios y agotados con el autor.

 

 

 

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